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viernes 16 de septiembre de 2011

La mala educación

Aún no ha comenzado oficialmente pero muchos ya estamos cansados de la campaña electoral. Impuestos, recortes, promesas y más promesas. Es la historia del eterno retorno; esa que cada 3 o 4 años nos persigue en lo cotidiano con un bombardeo masivo de propaganda facilona.

Estos días oigo hablar mucho de educación. Y no me gusta lo que oigo, porque no me gustan las vacilaciones y las banalidades en lo importante. Vaya por delante mi reconocimiento a la labor de los maestros y profesores. Yo soy de los que creen que sólo desde la educación podemos mejorar y perfeccionar la sociedad. Su labor es, probablemente, de las más relevantes de la sociedad -y, sin duda, de las de mayor alto riesgo para la salud-. Pero hay que ser sinceros. Y lo que estos días debatimos al hablar de recortes, de productividad y de austeridad en la escuela, no es un problema de calidad de la enseñanza.

Todos debemos hablar sin ambages y sin complejos sobre la educación. La polémica que rodea este curso la vuelta al cole, es por encima de todo un problema político -y, si se quiere, laboral-. Las protestas no surgen por una pérdida en la calidad de la enseñanza pública, sino por la pérdida de importantes puestos de trabajo. Son protestas muy lícitas, comprensibles, pero manipuladas. Los docentes de la enseñanza privada y concertada tienen casi 10 horas lectivas más a la semana, y los resultados académicos de estos centros son muy superiores en la mayoría de los casos. Los dirigentes políticos que hoy hablan de la calidad de la enseñanza pública son los que inscriben a sus hijos en carísimos colegios privados que garanticen una adecuada formación de los suyos. Luego, no seamos cínicos. ¡No nos engañen! Hablemos del drama que supone perder un puesto de trabajo, y seamos justos. Quien quiera una plaza fija en la Administración, que apruebe una oposición.


jueves 15 de septiembre de 2011

Cuando es difícil decir "soy periodista"...

Después de una larga ausencia, retomo ilusionado la sana costumbre de asomarme a esta ventana con cierta asiduidad. Hace unos días tuve la oportunidad de ver uno de esos vídeos que te llegan, que te obligan a reflexionar, y que despiertan en tu conciencia la necesidad de autocrítica. Hay pocos placeres como sentirse removido por dentro al asistir a una escena mucho más común de lo que nos gustaría; y eso es lo que me ha ocurrido; y eso es lo que quiero compartir.

Ser periodista es vivir entre dos mundos. Hay que equilibrar la devoción y la obligación, la vocación y la necesidad de subsistencia, la responsabilidad y el cumplimiento con el deber exigido por el balance de cuentas. Este dilema es casi cotidiano en las redacciones -aunque las prisas y la rutina cada vez nos resten más tiempo para pensar-. Dónde se hace más evidente es en esos momentos en los que uno está lejos de casa y tiene que dar testimonio de grandes matanzas, de injustas guerras. Eso es lo que le ocurre a la protagonista del siguiente vídeo, inmersa en una lucha interna entre la obligación de contar al mundo una nauseabunda realidad y la carga moral de utilizar la desgracia de los otros en beneficio propio. Ved el vídeo; sobran las palabras.

miércoles 12 de mayo de 2010

Los funcionarios y los pensionistas
soportarán los recortes del gasto


Al fin, llegan las medidas. Llegan tarde, mal y sin el tan manido consenso que Zapatero lleva siempre en la boca. Para casi todos, suenan a poco. Son insuficientes. Finalmente se abandonará la política del derroche y se tratará de contener el gasto, aunque sólo a costa de unos cuantos. Los empleados públicos y los pensionistas -a pesar de las míseras nóminas que reciben en su mayoría- soportarán una vez más el peso de las reformas. Y el Presidente lo anuncia a bombo y platillo, con la boca bien grande, como si no lo hubiese exigido Europa después de comprobar la ineficacia de nuestro gobierno socialista.

Nos han martilleado los tímpanos durante meses asegurando que es la derecha la que reduce los derechos sociales; y hoy, asistimos atónitos al anuncio de un pequeño manojo de medidas que no incluyen la supresión de los Ministerios vacíos de competencias. Los sueldos de los funcionarios adelgazan, los de los pensionistas se congelan, se pierden derechos sanitarios con los medicamentos. Pero la abultada Administración del Estado, tan engordada por Zapatero, no adelgazará. El gobierno se rebaja el sueldo un 15%, le honra, pero antes de exigir a nadie esfuerzo alguno, deben suprimir los gastos menos necesarios. Es una cuestión de prioridades. ¡Zapatero, muchos se han visto decepcionados!.

martes 11 de mayo de 2010


Sin interés, no hay libertad

El último barómetro del CIS, al margen de los grandes titulares, ha revelado ciertas costumbres de los españoles que explican muchas de las cosas que a veces se nos hacen incomprensibles.

Casi la mitad de los ciudadanos no escucha "nunca" la radio. Siempre he oído que la televisión triunfa sobre el resto de medios porque es más cómoda; no obliga a concentrarse, no exige el esfuerzo de comprender la lectura de un periódico, ni la magia de pensar en lo relatado por la radio. Sin duda nos estamos haciendo torpes, optamos por lo fácil.

Dejando de lado las preferencias personales, llama la atención lo que significa que casi la mitad de los españoles no escuche nunca la radio. La información es poder. Siempre escuché esto en el colegio, y siempre lo estudié en la facultad. Esta máxima la he llevado a mi vida cotidiana, y creo que me ha sido muy útil. Conocer las cuentas de la empresa para la que trabajas, saber los proyectos o preocupaciones de tu jefe, estar enterado de la inminente subida de impuestos para adelantar la compra del coche... La vida está llena de ejemplos que obligan a estar alerta. Una sociedad desinformada no es libre. No debemos conformarnos con rescatar viejos rencores del árbol genealógico, ni con extraer ideas superficiales de un titular televisado. Hay que ir más allá. De lo contrario, nos trasformaremos en ciudadanos hipnotizados, idiotizados. Eso, si no lo hemos hecho ya.

miércoles 24 de marzo de 2010


Ando liado estos días recordando mi último viaje por la Castilla de Delibes, y preparando la próxima escapada para Semana Santa. Llegar a casa después de un viaje siempre despierta sensaciones contradictorias. Nostalgia, por abandonar los lugares de ensueño visitados; ilusión, por descubrir el resultado final de los paisajes fotografiados; y satisfacción, por haber sumado una nueva experiencia y un cúmulo de sensaciones a la larga lista de lugares, circunstancias, emociones y personas que componen nuestra vida.
Esta grata tarea me ha permitido disfrutar de uno de los últimos vicios y placeres que he descubierto: la fotografía. Esta de arriba la tomé en Peñafiel (Valladolid) con un tiempo desapacible. Tengo otras muchas guardadas en una vieja caja de zapatos del viaje que hice hace unos años a Egipto, me encanta asomarme a ellas. Algunas son impresionantes. Es increíble la cantidad de emociones, recuerdos, sensaciones y vivencias que puede contener una sola fotografía. Y es increíble lo fácil que resulta revivirlas con un simple vistazo.

Hace unos días, dos buenos compañeros de trabajo volvieron de un largo viaje a Malawi a donde han acudido para hacer un reportaje sobre las difíciles circunstancias de vida del continente olvidado. Chisco y Ángeles, dos profesionales del periodismo, han traído algunas fotos que hablan por sí solas. No os voy a relatar las innumerables experiencias que han vivido, los contratiempos que han sufrido, las injustas barbaridades a las que han asistido, ni el cariño con el que fueron recibidos. Sus fotos hablan por ellos; y yo, hoy, quiero compartirlas con vosotros.


















martes 16 de marzo de 2010

Cuando la lectura se convierte en pasión

Hace ya unos días que conocimos la noticia y aún no me he logrado reponer. La pérdida de Miguel Delibes es una de esas vivencias que, pasados los años, uno recuerda -en ocasiones, por petición de quienes nacieron muchos lustros después-. Pertenezco a una generación que estudió a Delibes en la escuela, como lo que era, uno de los grandes de las letras. Y tuve la suerte de estudiar su figura como se debe estudiar la Literatura, leyendo los libros. Ahora es más importante la apariencia, memorizan listas interminables de títulos, de autores, de movimientos literarios. No pretendo hacer hoy un obituario, carecería de sentido. El objetivo de estas líneas es recordar uno de sus libros más humanos: "Mujer de rojo sobre fondo gris".

Éste fin de semana me he dado uno de esos placeres baratos que de vez en cuando me concedo. El sábado compré todos los periódicos, y todos los leí junto a un gran ventanal acompañado de un buen café. Los números especiales sobre la muerte de Miguel Delibes me han reconciliado con la prensa, esa que últimamente concede demasiada relevancia a nimias rutinas heredadas y relega a los espacios menos considerados las informaciones "de segunda", las menos rentables.

Son muchos los artículos que he leído sobre su obra, sobre su labor como periodista, sobre sus bailoteos con la censura. De todos, me quedo con un episodio de su vida enternecedor. El de su amor por Ángeles, su mujer. "Un amor de los de antes", titulaba El Mundo. Un amor de los que reconfortan y dan sentido a la vida.

Recomiendo encarecidamente, como particular homenaje, "Mujer de rojo sobre fondo gris". Leerlo es un regalo. Reconozco que me ablandan los amores con solera, esos que sobreviven a las difíciles circunstancias de toda una vida. Asomarse a la intimidad de un gran escritor supone descubrir un mundo apasionante. Asistir a una declaración como la que Delibes hace de su mujer, es algo obligado, necesario y enriquecedor.


jueves 11 de marzo de 2010

Ejemplos para la sociedad


Siempre he admirado a las personas que saben sobreponerse a las difíciles circunstancias que la vida te va regalando a cada instante. Hoy quiero rendir un modesto homenaje a dos de ellas en agradecimiento a la lección que nos brindan a todos, a la valiosa emoción que nos provoca su ejemplo en estos tiempos que corren, absolutamente deshumanizados.

Hace unos días pude leer una entrevista al polifacético José Antonio Labordeta. Un hombre que no deja de sorprenderme. Adelanto ya que sus ideas y su concepción de la vida son profundamente antagónicas respecto de las mías, pero he de reconocer que está hecho de una pasta especial.

No puede negar que es Aragonés, bruto hasta la médula. Su paso por el Congreso de los Diputados nos ha dejado momentos muy divertidos. Siempre se ha notado que habla con el estómago, desde lo más profundo de su ser. Según parece, desde hace algún tiempo, sufre un cáncer de próstata. Un mal que no le ha logrado arrebatar su irónico sentido del humor. Ése que tan grande le hace. Es un placer descubrir un ejemplo de vida en el seno de una sociedad que defiende y legisla la muerte a golpe de injustas leyes abortistas. Recomiendo encarecidamente que leáis la entrevista que le hizo recientemente el diario "EL MUNDO". En ella, podréis experimentar esta grata sensación de la que os hablo.

Ayer mismo tuve la oportunidad de conocer personalmente a un gran hombre: OMAR PERNET. Ha estado preso en las cárceles cubanas durante algo más de 25 años. Fue compañero de Orlando Zapata Tamayo, recientemente asesinado por el castrismo. Omar Pernet, exiliado en España, no titubea al relatar los duros episodios de tortura que ha sufrido en Cuba. Actualmente está en silla de ruedas. Sufrió un accidente cuando era trasladado desde la prisión a uno de los castigos físicos impuestos por el régimes de Fidel Castro. Tuvo un accidente, su compañero murió, y él perdió la vista del ojo derecho y apunto estuvo de perder las piernas. A su familia le dijeron que todo fue provocado por un gérmen que habían encontrado en su sangre. En "ABC" he encontrado una entrevista con la que no he logrado rescatar el sentimiento que me provocó su charla, su incansable sentido del humor, su historia. Aún así, os la recomiendo. ¡Qué interesante sería que muchos de los pseudoartistas de la ceja leyesen de cuando en cuando la prensa!. A continuación os propongo recordar una de las grandes canciones de Labordeta, canto a la libertad. Muchos cubanos la cantan en silencio cada día a su manera en Cuba.





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